sábado, 26 de octubre de 2013

"Justicia para un final con vencedores y vencidos"


Por Pedro Taracena Gil


La Piedad

Sí, vencedores y vencidos, como al final de la Guerra Civil, como durante la dictadura y como en la democracia constitucional. De esta manera el pueblo español se aleja  cada vez más de su propia reconciliación. Las consecuencias de una ley del franquismo, han puesto en tela de juicio una sentencia del  mismísimo Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo. El Gobierno democrático ha manifestado de forma clara y rotunda que está más de acuerdo con la doctrina Parot, que suponía un parche chapuza a una ley de la dictadura, que con una sentencia del máximo tribunal europeo que interpreta nada más y nada menos, que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
Es muy difícil encontrar en el mundo civilizado, donde incluyo a Europa y excluyo en asuntos de Justicia Universal a EEUU, que un jefe de gobierno declare que esta sentencia unánime del Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo, sea  “injusta y equivocada”. No obstante es coherente con la trayectoria de Rajoy y sus orígenes. No podemos negar históricamente que El Partido Popular fue fundado en el seno del franquismo por un insigne franquista (falangista), Manuel Fraga Iribarne. Este baluarte del franquismo (nacionalcatolicismo) formó una de las asociaciones políticas; esperpento autorizado por el Caudillo de España que lo fue por la Gracia de Dios.
En tiempos de la democracia esta asociación política que se denominó Alianza Popular, por obra y gracia de la conversión de los franquistas a la democracia, se trasformó en un partido político, como Dios manda, que dijera el actual inquilino de la Moncloa. Para homologarse con los nuevos tiempos se cambió el nombre por el de Partido Popular. Pero su ideología siguió anclada en el franquismo. Después de Fraga vino Aznar y después Rajoy. Todos, fieles lacayos del dictador Franco y Generalísmo de los Ejércitos Tierra, Mar y Aire. Tomaron parte en la elaboración de la Constitución Española pero jamás condenaron ni condenarán la dictadura y el genocidio franquista. Este planteamiento es demagógico a ojos de quienes crearon la gran farsa de la Transición con dos objetivos: dejar impunes los crímenes del franquismo y fosilizar el espíritu constitucional.
Cuando los Padres de la Constitución creyeron con toda ausencia de ingenuidad y buena voluntad, que las heridas de las dos Españas estaban cerradas, surgió el terrorismo de ETA; sembrando al pánico, la muerte y el sufrimiento en España y fuera de España. No me permito adjudicar de forma prematura la victoria, ni al Estado ni a la organización terrorista, mientras no se firme un armisticio y su control sea fehaciente. Aunque no se trate de dos ejércitos en contienda, la realidad nos dice que ha sido una guerra larvada y en ocasiones sucia.
La frase "Justicia para un final con vencedores y vencidos" no puede huir más de la reconciliación entre los españoles. Otra oportunidad perdida para ganar la auténtica paz que es algo más que solamente ausencia de violencia. Desde el 18 de julio de 1936 las dos Españas siguen enfrentadas. La España católica y de derechas obtuvo la victoria sobre la España republicana y de izquierdas. Hubo “vencedores y vencidos” pero no hubo justicia, porque no hay guerra justa. Los “vencedores” capitaneados por el invicto Caudillo impusieron a los “vencidos” una dictadura sanguinaria que gobernó España como si de un botín de guerra se tratara. Tampoco hubo justicia, más aún, imperó la tiranía y el despotismo, sin restaurar el Estado de Derecho hasta la Constitución de 1978.
Situados en 2013 podemos constatar que las dos Españas siguen enfrentadas, no por un nuevo conflicto, sino por las secuelas del conflicto original. Si no se hubiera derribado la República la España actual sería otra y otro su peso específico en Europa. No es para enorgullecernos porque en el siglo XXI una España enarbole la pancarta de: "Justicia para un final con vencedores y vencidos". La palabra justicia colocada como premisa para sentenciar quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos, está llena de odio, revanchismo y venganza. Porque los tribunales de justicia españoles que emanan de un Estado de Derecho ya han impartido Justicia. Ha sido una ley que imperaba cuando España no era un Estado de Derecho, la causante de que bajo una interpretación a conveniencia del Gobierno de turno, el Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo haya dictado una sentencia conforme a los acuerdos firmados por España. ¿A quien señala el eslogan de la pancarta como vencedores y a quienes como vencidos? Que cada cual que se coloque en la trinchera que más le convenga..

martes, 22 de octubre de 2013

EL COMBATE CONTRA LA CRISIS. EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

Por Isidoro Gracia
Exdiputado



Aún cuando la filosofía de “el fin justifica los medios” se suele adjudicar a Maquiavelo, lo cierto es que pertenece a un manual de instrucciones de la Orden del actual Papa, los jesuitas, que sostiene literalmente: “cuando el fin es lícito, también lo son los medios”, eso sí en latín.
A nadie debe sorprender que los jesuitas tengan un manual (una copia traducida me fue enviada hace algún tiempo por un amigo), cualquier organización que quiera tener éxito debe tener su libro de cabecera, véase Camino del Opus, el Libro rojo de Mao, los documentos de principios y objetivos de cualquier multinacional, o los libros de estilo de algunos medios de comunicación.
Pues bien, en los manuales de los actuales dirigentes mundiales, también de los europeos y del partido del gobierno español, entre los mantras a seguir, aparecen cada vez más claros los principios, más bien directrices o mandatos, de que la austeridad es un fin en sí misma, un fin que lleva a la economía al buen camino, que lo que es bueno para el sector financiero es bueno para los países donde hace sus negocios, y que si se tiene un buen sistema de propaganda, que repita suficientemente las consignas, la opinión pública acabará por aceptarlas. Esto último en algunas fases históricas ha resultado fatalmente cierto.
Con 80 millones de pobres en la rica Europa, 3  de ellos pobres severos en España, las políticas austeridad, el  saneamiento a ultranza de la banca, a costa del  bienestar de los ciudadanos, e incluso los meros discursos sobre que estamos saliendo de la crisis, son algo más que un sarcasmo cruel, son elementos antisociales que los ciudadanos conscientes deben de combatir. Las afirmaciones de que la economía europea o española esté bien, no significa que los ciudadanos europeos o españoles lo estén, ya que los parámetros de referencia en que se sostienen esas afirmaciones, en términos aristotélicos deben ser objeto de justa indignación, ya que son bienes que han sobrevenido de forma indigna y a costa de afligir con males inmerecidos a una gran parte de los ciudadanos.
Ni siquiera es necesario acudir a grandes pensadores y altos referentes éticos, incluso alguien tan moderno, que tonteó con el LSD, como Aldous Husley tenía clarísima la idea que: “El fin no puede justificar los medios, por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos”.
¿Alguien normal puede aceptar que las acciones que llevan a la pobreza a tal cantidad de personas, antes razonablemente satisfechas con su vida, son aceptables, sean cuales sean los teóricos buenos fines que persiguen?https://mail.google.com/mail/u/0/images/cleardot.gif


miércoles, 16 de octubre de 2013

¡Fuera las máscaras! ¡Abajo los adefesios!

Pedro Taracena Gil


El árbol genealógico político del Partido Popular es históricamente constatable. Lo integran  una casta de caudillos y salvadores de la patria, que alcanzan su legitimidad en las proezas de sus antepasados. En 1936 se constituyen en Ejército de Salvación y emprenden la sublime y gloriosa campaña del Alzamiento Nacional, contra la España  republicana, atea, comunista y judeomasónica. Estas hordas habían usurpado la libertad, la unidad y el origen católico de España, desde la conversión de Recaredo que  hacía 14 siglos.
Para esta gesta unieron sus fuerzas la espada y la cruz. El ejército y la Iglesia. El pueblo llano atisbó de qué parte estaba el mismo Dios, cuando el episcopado de entonces bendijo y colaboró de forma activa en la Santa Cruzada. La victoria se hizo esperar tres años, y el enfrentamiento fratricida fue inevitable. Unos españoles dieron su vida y fueron  considerados como Caídos por Dios y por España. Los otros, aquellos que se empecinaron en defender la República murieron por la libertad y la democracia.
Los vencedores fueron capitaneados por el invicto Caudillo de España que lo fue por la Gracia de Dios y nombrado también Generalísimo de los Ejércitos, Francisco Franco Bahamonde. Aclamado y exaltado a la Jefatura del Estado creando un régimen basado en su poder personal y organizado a través de una Democracia Orgánica basada en los Principios del Movimiento Nacional. Entre el Vaticano y el Reino de España implantaron un Estado Confesional. Maridaje Iglesia-Estado. En España aunque no se restauró la monarquía después de la Guerra Civil, de manera más o menos formal no abandonó la consideración de Reino; dando fe de ello el Consejo del Reino creado; ayudando a consolidad la alianza trono-altar.
España fue gobernada cerca de cuarenta años por Franco y como es natural a ese periodo se le conoce como franquismo, y aquellos que colaboraron en salvar y gestionar  la unidad de la patria, constituyen para la historia los seguidores de Franco, que reciben con honroso mérito el nombre patronímico de franquistas. Muerto el Caudillo y sus legítimos herederos exigieron que se cumpliera sus últimas voluntades. Se instauró la monarquía que se pactó con los que no habían colaborado con el Salvador de la Patria, más aún, habían sido perseguidos, exiliados y encarcelados. La Ley de Amnistía y un pacto no signado que se denominó la Santa Transición, trajo un periodo de olvido y de consenso. En este periodo los franquistas siguieron orgullosos de su origen y de su ADN. La dinastía de caudillos ha garantizado mantener el espíritu franquista a lo largo de la época democrática: Franco, Fraga, Aznar y Rajoy. La existencia de una Constitución no supone renunciar al pasado franquista preñado de gestas patrióticas. Retomemos el primer párrafo de este artículo, los miembros del Partido Popular deben de aceptar el patronímico de franquistas. Son hijos de Franco. Herederos legítimos del padre fundador y sin complejos y sin prejuicios, asumir su pasado. Salvando los epítetos que cada cual pueda usar, los franquistas ante la amenaza de que el Congreso de los Diputados condenara al franquismo, junto al nazismo y el fascismo, su reacción ha sido honrada y coherente. El nazismo ha sido condenado por Alemania y el fascismo por Italia. Y ambos por la comunidad internacional. Hacer apología de una u otra ideología esta panado por la ley. En España la versión fascista de esta ideología está en la amalgama formada en torno a Falange Española y de la JONS (Juntas Ofensivas Nacionales Sindicalistas) y el nacionalcatolismo. Pero en España aún no se ha condenado al franquismo. Entonces los franquistas lejos de condenar su apología, se adhieren a ella porque toma parte de su esencia, son el franquismo auténtico.
¡Fuera las máscaras democráticas!
¡Abajo los adefesios constitucionales!
¡Somos los verdaderos franquistas!



viernes, 4 de octubre de 2013

LOS CIUDADANOS, LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS


Por Isidoro Gracia
Exdiputado


El alejamiento ciudadano de los políticos solo se corregirá cuando el Parlamento gane centralidad y el motor de la política sean ideas, en vez de la administración del sistema cada vez más injusto.
En una sesión de trabajo de la Asociación de ex parlamentarios de Cortes Generales, llevada a cabo en el Parlamento Gallego, hemos avanzado en un trabajo de realización de propuestas sobre cómo afrontar la situación de la política española, en temas tales como lograr una mayor cercanía entre los ciudadanos y sus representantes políticos y superar la grave sensación de distanciamiento que hoy con frecuencia nos acompaña. Las posibles respuestas se resumen en una: los diputados y senadores deben estar en condiciones de servir a sus representados, incluso evitando o ignorando, en situaciones concretas que choquen con la propia conciencia,  los condicionantes impuestos por las cúpulas de sus partidos.
Hay que decir que algunas propuestas son de gran alcance, como se verá más adelante, pero que la mayor importancia del tema viene en que en el texto nos estamos poniendo de acuerdo ex parlamentarios del PP y del PSOE pero también de IU, del PNV y de CIU.
Algún ejemplo. El parlamentario deberá gozar de un mayor protagonismo en la vida parlamentaria teniendo posibilidad de enmiendas y intervenciones personales (ahora todo pasa por el Grupo Parlamentario), hay que plantearse la posibilidad de elección más directa del parlamentario, mediante el desbloqueo de las listas (hoy cerradas y bloqueadas), para que tanto en la elección como en su trabajo posterior los ciudadanos puedan pronunciarse sobre la persona, y no solo sobre las siglas. La obligatoriedad de aceptación a trámite de las Iniciativas legislativas Populares, en las enmiendas y votaciones posteriores cada partido y cada diputado se retratarán. El Poder legislativo, hoy  mera correa de transmisión del gobierno de turno, adquiriría centralidad y peso.
Incluso hay acercamiento en posibles reformas de la Constitución, que permitieran que pudiéramos seguir conviviendo desde centralistas jacobinos, hasta las opciones soberanistas o independentistas, con la única condición que unos y otros no confronten con la legalidad constitucional.
¿Cuántos discursos de los actuales dirigentes tienen contenidos ideológicos, más allá del análisis de hechos concretos, o de meras referencias personales?, respuesta: pocos, y casi todos de los extremos más intransigentes. Por eso la convivencia pacífica es cada vez difícil, por eso los extremos avanzan y las ideas más próximas al ciudadano de a píe pierden terreno, a una idea se le puede enfrentar otra idea y vencerla, nunca la vencerán los discurso administrativos.
 Por si pudiera servir de orientación, una idea que triunfó, de Mao hacia los dirigentes de su partido: Debemos ser modestos y prudentes, prevenirnos contra el engreimiento y la soberbia, apoyarse en las masas populares y servir de todo corazón al pueblo (en su caso al chino). Muchos de sus métodos son rechazables, pero es difícil discutir que nos iría mejor si nuestros políticos asumieran alguna de las ideas que predicó.


sábado, 28 de septiembre de 2013

EL GRAN TEATRO DE ESPAÑA

Por Pedro Taracena Gil





Nuestro teatro del siglo XXI se ha perdido una gran compañía de comediantes, titiriteros, malabaristas y saltimbanquis. Los franquistas trasnochados pero legítimos herederos de la dictadura genocida que ahora nos gobiernan, se debían de haber dedicado a la vocación de disfrazar la realidad con la mentira. En lugar de formar un gobierno hubiera sido más exitoso haber creado una compañía de farsantes. La farsa es el arte de presentar la mentira de forma creíble y en esto son maestros. La puesta en escena de todas las falsedades que cada día alimentan para que el pueblo viva, también, en su versión institucional, en la ausencia de verdad, en la mentira.

Todos son actores de primera categoría y con especialidades bien definidas, como para garantizar que los teatros de España en cada sesión pongan el letrero de “no hay localidades”. Adefesios demócratas que no condenan la dictadura. Máscaras sindicalistas que dicen defender al trabajador, cuando descalifican toda reivindicación. Arlequines siniestros que cometen crímenes contra los ciudadanos de todo tipo y condición. Personajes alegóricos que han declarado la guerra al débil: La religión, el capital, la empresa, el mercado…

Entre ellos mismos en esta gran compañía de tramoyistas y actores, hay directores de escena, guionistas de sainetes, comediógrafos de mal gusto y hasta tragedias abyectas que siembran la muerte, la salud cercenada, el paro, los desahucios, el abandono de los ancianos, donde los robos y los crímenes son el argumento más frecuente. Con la falta de pudor cual personajes de ficción, estos farsantes salen una y otra vez a recogen el aplauso y reconocimiento de los asistentes a estos dramas. Como antaño ante su magistral interpretación, quien en primer lugar rompe el silencio dejado por la última frase de cada obra, es la claque, que como en los buenos tiempos se le pagaba para que aplaudan. El poder tiene su claque, es decir, los esbirros, lacayos, secuaces y aduladores profesionales. Los medios de comunicación, los empresarios, los obispos y los seguidores de la ideología franquista.

La farsa que la clase política, los bancos, la patronal y la Iglesia está poniendo en escena cada día, es un esperpento de dimensiones impensables hace tan solo cinco años. Nadie podía imaginar que fuéramos marionetas de los inmorales responsables de la Europa de los mercaderes, que no de la Unión Europea de los ciudadanos. Se han convertido en los verdugos de los españoles, cuyo mayor delito ha sido ser víctimas de sus crímenes. Han implantado una mafia que lejos de ser clandestina es legal. Su política criminal, sí criminal, elabora leyes legales pero injustas, que han hecho quebrar el Estado de Bienestar. Porque estos perversos mentecatos, actores de pacotilla, han creído que al pueblo español se le podía engañar, metiéndoles a la fuerza en la vida de la mentira, como dice Václav Havel en su libro El poder de los sin poder. El pueblo español está en la calle más pobre que antes, pero con más dignidad que la caterva de inmorales embusteros perseguidos por los escraches de la justicia que emana del pueblo… Al final serán los ciudadanos quienes hagan caer el telón y junto a él los disfraces de la pantomima democrática y las máscaras del franquismo.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Yo critico al Rey de España

Por Pedro Taracena


Juan Carlos I


Ejerciendo mi derecho de expresar mis opiniones libremente, yo critico al Rey en todo aquello que a juicio mío, se aparte de la Constitución Española y mi conocimiento de la historia. Aunque la Carta Magna le otorga estatus de inviolabilidad, el mismo texto constitucional no le hace inmune a las críticas de los ciudadanos. El monarca ha llegado al trono de ninguna manera por el mejor de los caminos. Su abuelo Alfonso XIII abandonó España, porque los españoles eligieron implantar la II República. El orden constitucional fue quebrado por el golpe de estado y la dictadura del general Franco. El padre del Rey Juan de Borbón simpatizó con el sangriento pronunciamiento militar e intentó implicarse directamente en el enfrentamiento fratricida. No obstante el dictador no se lo permitió; proyectando la implantación de una nueva monarquía, no por la restauración legitima del hijo del rey destronado, sino por la instauración a través del nieto e hijo de Juan de Borbón, Juan Carlos de Borbón y Borbón.
Muerto el dictador, el propio franquismo ejecutó el testamento que Franco había decretado. Juan Carlos fue nombrado por las Cortes Españolas como Jefe del Estado a título de Rey. Habiendo jurado defender los Principios del Movimiento Nacional, se avino a sancionar la Constitución en 1978. Pero sin condenar el franquismo y sin jurar el nuevo orden constitucional que le entregó la Corona de España. Juan Carlos I reina sumergido en una perversa ambigüedad. Insólita en la Europa del siglo XXI. El pacto no signado de Transición dejó impune al franquismo con todos los delitos de lesa humanidad. Transcurridos 35 años de vida democrática y constitucional, no hay pretexto ni excusa posibles para que el Rey no se haya desligado del genuino franquismo, versión española del fascismo europeo.
La figura del Rey ha sido tabú en muchas de sus facetas y parece como si este prestigio que ahora se le reconoce, lo hubiera ganado aquel día 23 de febrero que como salvador de España, nos libró de las huestes involucionistas, jugando todo a una misma carta. Y después ¡A vivir de las rentas!
Contemplando la figura del Rey como árbitro y como máxima autoridad democrática y constitucional, echo de manos su entusiasmo por lo público. La familia real, salvo escasas y honrosas ocasiones, no han pisado los servicios de la sanidad pública y mucho menos la educación pública. La opacidad de la Casa del Rey, raya lo antidemocrático. El respeto mal entendido de los medios de comunicación, han ejercido más de aduladores cortesanos que de ciudadanos libres y periodistas profesionales. El maridaje de hecho Iglesia-Estado y la alianza trono-altar, han contaminado la institución monárquica que debía de estar al margen de cualquier atisbo de confesionalidad.
Aquellos polvos trajeron estos lodos. La España de hoy está homologada con la revolución informática, libertad, comunicación e información. Los políticos y los medios han perdido el norte y la Santa Transición pactada y consensuada está caducada. Como atado y bien atado creyó que dejaba el déspota la dictadura, que sólo los franquistas del partido que gobierna se niegan a condenarla. Los políticos no están capacitados para abrirse camino entre tanta opacidad, corrupción y evocación del pasado. La institución monárquica está tocada y hace aguas por todas partes. Aquel 23 de febrero no supuso un pasaporte de tolerancia eterno ante los desmanes de Su Majestad; dejando a los historiadores llegar al fondo de esta cuestión y de otras. La juventud no se merece tanta perversión política y los mayores tampoco, porque España está donde está por sus cuarenta años de trabajo y cotización. Apuntalar la institución monárquica y la figura del Rey mediante parches ocasionales, agravan la situación y demorar una reforma de la Constitución como si del credo de Nicea se tratara, es perder el tren de la historia. A mí juicio no son pocas las asignaturas que tiene pendientes el Rey de España.

sábado, 14 de septiembre de 2013

LA EXTREMA DERECHA ESPAÑOLA


Las cosas por su nombre…



Por Pedro Taracena Gil

En el caso de España el pensamiento político situado en la extrema derecha, antagónico al comunismo más radical, es decir la extrema izquierda, no se puede homologar con el extremismo de la derecha allende los pirineos o en el resto de Europa. El extremismo hispano violento de signo derechista no tiene ninguna relación ni con el movimiento neonazi y tampoco con el fascismo italiano. La historia nos muestra como  padre del nazismo a Hitler y como el inductor del fascismo a Mussolini. En España, sin embrago, el origen de la extrema derecha la tenemos en el franquismo. Francisco Franco Bahamonde cuando lleva a cabo el golpe de estado contra la República, legal y legítimamente establecida, se apoya en las fuerzas armadas y en la derecha capitalista y caciquil, en la Iglesia y en Falange Española, versión hispana del fascismo italiano fundada por José Antonio Primo de Rivera. Cuando Franco obtiene la victoria después de tres años de enfrentamiento fratricida, implanta un régimen despótico, es decir, una dictadura en base a los Principios del Movimiento Nacional. Un régimen fascista con base en el nacionalcatolicismo y el nacionalsindicalismo. Una dictadura homologable históricamente en lo político con la ideología de la extrema derecha. Una vez muerto el dictador el pueblo español se dotó de la  Constitución en el año 1978, que instauró el estado de derecho destruido por Franco en 1936.



No obstante y al margen de la Constitución, los franquistas consensuaron con los que vinieron de la clandestinidad o el exilio, el no condenar el franquismo y sellaron un pacto no escrito donde quedaban impunes los crímenes del franquismo.  A esta etapa se le llamó la Transición. Después de la muerte del dictador esta fórmula ha permitido al Rey desde el primer día de su reinado, hacer apología del franquismo y a la derecha española albergar en su seno a toda la gama del franquismo existente; haciendo compatibles los valores constitucionales con el olvido de las víctimas y el recuerdo permanente de los verdugos. El Rey en su primer discurso de la Corona hizo apología de Franco, circunstancia histórica justificable, pero que aún no haya jurado la Constitución y no propicie la condena del franquismo por respeto a sus víctimas, muestra una conducta moralmente detestable y políticamente anti democrática.



Los símbolos que ostentaban los miembros del grupo de violentos que asaltaron los locales de la Generalitat de Catalunya en Madrid, son símbolos franquistas, falangistas y de fidelidad al yugo y las flechas. Es decir, los franquistas de toda la vida, que si no hubieran tenido una actitud violenta, nadie y el Partido Popular y su Gobierno menos, les hubiera llamado la atención. Porque los franquistas gozan de muy buena salud política. Los franquistas son los que ahora nos gobiernan. La mal llamada Transacción modélica es un pacto tan perverso y envenenado que salvo honrosas minorías de la izquierda, nadie incluyendo los medios de comunicación se atreve a llamar las cosas por su nombre. Estos bárbaros son los franquistas, versión fascista de cuño español. El yugo y las flechas que presidía el salvaje asalto a la sede catalana, es el mismo escudo que Manuel Fraga Iribarne ostentaba en su pecho con orgullo hasta que le entregó el cetro del fascismo a Josemari Aznar y éste a Rajoy; manteniendo una copia de este cetro testigo, toda la derecha española. Podemos incluir sin reparos en esta grey y con todos los honores a la Iglesia, los banqueros, los empresarios y toda la pléyade de franquistas peperos o peperos franquistas, que tanto monta tanto monta. Llamarse con el nombre de su fundador debería ser tan honorable como para los jesuitas que pertenecer a la Compañía de Jesús; estando muy orgullosos de San Ignacio de Loyola, su fundador. Pero hay un pacto tácito que nadie se atreve a llamar las cosas por su nombre. La derecha española en su viaje eterno hacia el centro, aún no ha salido del extremo situado en la más rancia de las derechas. Están gobernando al margen de la Constitución administrando su mayoría absoluta como si de un poder absolutista se tratara. La apología del genocidio franquista no es delito porque así lo han querido los que sellaron el pacto de la Santa Transición.


La mordaza colocada al pueblo español ante la Memoria Histórica, es un crimen, sí una crimen porque se hace cómplice de los delitos de lesa humanidad. Por el contrario los mismos responsables de esta ignominia, han decretado que la Constitución española sea un credo cuyos administradores de su infalibilidad  sean los dos grandes partidos ostentando ambos la mayor de las corrupciones que se han dado en la España democrática. Sin embargo socialistas y populares consideran que la Constitución es un conjunto de artículos de fe, según les conviene. Evocan la unidad española como una herencia franquista y cambian la Constitución con nocturnidad y alevosía según el dictado de las políticas criminales de la Unión Europea. Que nadie se rasgue las vestiduras porque llamemos las cosa por su nombre. En España todas las manifestaciones pacíficas o violentas que ostenten los símbolos de Falange Española o del Movimiento Nacional, han hundido sus raíces en el franquismo. Mientras el Rey y el pacto de la Transición no condenen el franquismo y añadan a la Constitución que la apología del franquismo es un delito, el franquismo seguirá instalado en nuestra querida España.



La saga del franquismo se perpetua...


El franquismo que no cesa camuflado bajo la máscara del centro derecha. La gran mentira...