domingo, 24 de noviembre de 2013

HEMEROTECA DEL "INSUFICIENTE" DE WERT

HEMEROTECA 31-12-2011

JOSÉ IGNACIO WERT DE TERTULIANO MEDIÁTICO A MINISTRO DE EDUCACIÓN




Cuando el nombre de José Ignacio Wert saltó a los titulares de la prensa como ministro de Educación, Cultura y Deportes, vinieron a mi mente imágenes de este personaje camuflado como periodista tertuliano en televisión. Analizando el perfil de este sociólogo, su trayectoria en los medios y como consultor, es coherente que Rajoy haya contado con él para tres carteras en una. Sin embargo, con esta decisión el nuevo e ínclito presidente, ha demostrado el cariño y la pasión que tiene por la educación de nuestra juventud, poniéndola en sus manos. Sin duda su objetivo es hacer economía, es decir recortes. Gestionará las tres áreas dándolas la misma importancia y haciendo de ellas tres empresas privadas. El fantasma de la privatización se cierne sobre ellas sin miramientos. Su perfil de sonrisa forzada y con aires de cierta suficiencia, en nada favorece el diálogo con el universo de la educación pública. Pero este nombramiento merece un análisis más profundo de la implicación del cuarto poder y su afinidad con la política. El sociólogo Wert fue invitado a las tertulias de televisión como un periodista más, donde cada cual procede de un medio y se convierte en portador de su ideología. El nuevo ministro no sorprendió a nadie sobre qué ideología ostentaba en los debates. Pero lo perverso es que los medios públicos están convencidos de que esta representación de los medios presentes en el plató, son la expresión de la pluralidad política de España. Craso error no exento de mala intención. Allí solamente estaban los medios poleas de transmisión de los partidos; quedando sin representación el ciudadano de la calle. Durante el año 2011 hemos podido contemplar que una mayoría nada despreciable expresaban su indignación por  no sentirse integrados en esta democracia formal plagada de vicios, y reclamaban Democracia Real ¡Ya! Ahora el nuevo ministro cosecha sus frutos de la propaganda que hizo del Partido Popular en los platós; recogiendo su premio a la fidelidad. Estas adulteraciones jamás son criticadas por el cuarto poder. Y en el caso que nos ocupa han estado arrogándose la idea de que son los únicos que representan la voz de la calle. Y su única representación ha sido la de los partidos políticos camuflados entre los tertulianos cuyo guión está escrito previamente. Con esto se demuestra que la política en todas sus formas y los medios de comunicación se disputan el cuarto poder, que consiste en amordazar al pueblo. Esta falta de honestidad, de democracia real en suma, nutre cada día más los movimientos como el 15 M. En la medida que la balanza que hoy está vencida hacia el lado de los manipuladores: política y medios de comunicación, vaya perdiendo peso y ganando los ciudadanos; descubriendo en la mentira que nos encontramos, la balanza se inclinará hacia el lado del pueblo; perdiendo votos sobre todo la derecha. Lo público irá ganado terreno a la especulación y lo privado. Estos movimientos están dando muchos quebraderos de cabeza a los políticos y presumo que darán mucho trabajo al nuevo ministro de Interior. Al menos su presentación fue un tanto amenazante. En esta legislatura la verdadera política se ha de hacer en las calles. El Parlamento está ocupado en otros asuntos ajenos al pueblo.

HEMEROTECA 02-02-2012

CUANDO EL CINISMO SE HACE MINISTRO




José Ignacio Wert, nuevo ministro de Educación y Cultura, es un camuflado activista de la ultraderecha nacional católica, bajo la máscara de seudo periodista tertuliano. Acudía a las tertulias bajo el subtítulo de sociólogo. En sus intervenciones siempre le acompañaba una sonrisa hueca. Con pronóstico reservado para el personaje de la farsa que representaba. Un sociólogo es un científico, un intelectual, que analiza la realidad social del momento con objetividad. Pero cuando comparecía en el plató de televisión, allí se comportaba como una persona que representaba a la derecha más casposa, aunque la caspa no procediera de su mata de pelo. Eso sí, con la mueca sonriente de creerse que estaba engañando al telespectador. Refugiado en el titulillo de docto en fenómenos sociales. Y sin embargo, su opinión era burda, vulgar y tendenciosa. Aunque su carta de presentación no estaba abalada por ningún medio en concreto, sus intervenciones le delataban como un franquista neto y nato, aunque no confeso. Pero una vez que Rajoy le ha pagado los servicios prestados nombrándole ministro, se  presenta ante el Parlamento con la misma sonrisa, convencido de que sigue engañando a la ciudadanía. Aunque más distendido, a veces, el cinismo se le dispara en forma de risa, y hasta de carcajada, expresiones  todas ellas reflejo del mismo sarcasmo. Es un personaje que sale tal cual es en las fotografías. Da la imagen de lo que es. Un cínico contumaz. No perteneciente a la escuela de Diógenes, filósofo  clásico, sino cínico en el término correspondiente al román paladino. Cuando los nuevos ministros del clan Rajoy van desgranando sus doctrinas a la prensa o ante los diputados, debían de interpretar sus personajes sin la máscara. Fuera máscaras de constitucionalistas y demócratas. Su ideología y doctrina pertenece al genuino nacionalcatolicismo. Mientras los testigos víctimas del genocidio franquista, van declarando ante el Tribunal Supremo las secuencias del exterminio de la dictadura, vivo reflejo de la vertiente más sanguinaria del general Franco, los honorables ministros están mostrando la otra cara del franquismo, el nacionalcatolicismo. El Gobierno que soportamos, así como los parlamentarios que lo sustentan, quieren gobernar sin constitución. No se conforman con la Contrarreforma que hizo la España del siglo XVI, renunciando a la Europa de la razón y la libertad. Ahora el maridaje Iglesia Estado, perpetúa el pacto contra el progreso: Todas las trepanaciones que están haciendo con los derechos de los españoles lo hacen escribiendo al dictado de los obispos. Todo se centra en el sexo. El sexo para el PP es el colmo de la hipocresía. Los planteamientos de Wert para suprimir la Educación para la ciudadanía están dirigidos a una España que ya no existe. A los obispos y los del PP les molesta que los españoles seamos libre para practicar el sexo como queramos y con quien queramos. Que nos casemos con quien queramos, también, entre hombres o entre mujeres. Divorciarnos cuando acordemos y deseemos. Que controlemos la procreación como acordemos con nuestra pareja. Si sospechamos que puede haber fallado algo en la práctica coital, podamos evitar un embarazo no deseado. Y por último que la mujer tiene el derecho de decidir sobre su propio cuerpo. Los miembros del Gobierno son acólitos de la Iglesia. Tienen más de clérigos y seminaristas que de tecnócratas. Y por supuesto nada de políticos. Sólo las izquierdas minoritarias y el diario Público, parece que se hayan dado cuenta de esta situación. Pero los mismos que dieron el golpe contra la República, aquí los tenemos con manos forradas de piel de cordero. La Iglesia, el capital y la derecha más recalcitrante. Aquí tenemos las dos Españas: La que se desgarra contando a los jueces los crímenes cometidos contra los españoles, y los que quieren repetir y perpetuar el franquismo criminal con el silencio.

HEMEROTECA 20_01_2013

WERT EL DEMÓCRATA Y CONSTITUCIONAL




Los  indignados con la política del ministro Wert le reventaron una conferencia que pretendía dar en Sevilla. Al salir el ministro demócrata progresista y nada sospechoso de absolutista, tachó de fascistas a los que utilizaron el único camino que les queda para discrepar y protestar contra su política, que pretende y consigue volver a tiempos anteriores a la democracia. El señor Wert se arroga la facultad de llamar fascistas a quienes rechazan la reforma educativa guiada por criterios ideológicos próximos al franquismo más genuino. Despojar la educación de los jóvenes españoles de la asignatura que habla del matrimonio igualatorio, y de la educación sexual como realización de la persona, al margen de cualquier influencia religiosa, es regresar a los tiempos del nacionalcatolicismo. Y el ministro lo sabe porque lo ha pactado con la conferencia episcopal. Esta protesta no es fascismo, es reafirmación constitucional. Y también lo sabe el titular de la cartera de Educación. Porque su reforma obedece a que el Gobierno confunde la mayoría absoluta con el poder absolutista, y esta ventaja le ha permitido desarrollar su idolología, más próxima al franquismo trasnochado que a la España constitucional.  Admito que el ministro no disponía de otro insulto que más le alejara de la realidad, pero era el epíteto que más daño podía hacer a quienes lo recibían. Es perverso.

HEMEROTECA 09-05-2013

MENSAJE AL MINISTRO WERT




Desde que te descubrí en tu faceta de tertuliano supe que eras un seudoperiodista al servicio del neofranquismo camuflado de demócrata y constitucional. Un impostor en la profesión que se ocupa del derecho a la información. La independencia era un huésped que en tus intervenciones, no estaba presente y mucho menos se les esperaba. Eras tendencioso y desde siempre dabas el perfil de secuaz fidelísimo de la derecha más recalcitrante. No me llevé ninguna sorpresa cuando Rajoy premió tu fidelidad y te convertiste en el fiel servidor de los franquistas en su vertiente más abominable, el nacionalcatolicismo. Tu cinismo es un insulto a los españoles y tu gesto me  hace vomitar. No solamente pasarás a la historia como un ministro nefasto, sino que los mayores crímenes, sí crimines, se llevarán a cabo bajo tu ínclita figura de hipócrita: Crímenes contra la investigación. Crímenes contra la igualdad de oportunidades de los  españoles. Crímenes con la segregación de los escolares por mandato divino. Crímenes contra la supresión de la asignatura de la Educación para la Ciudadanía, porque explicaba el derecho a la libertad sexual y la familia igualatoria como unidad de amor, no como sacramento. En este crimen has sido un lacayo de los obispos. Crimen contra la ciencia, el conocimiento, la cultura, la formación de la juventud, todo en aras del capital. El ente que ha movido la mano para cometer los mayores crímenes de la historia.



viernes, 22 de noviembre de 2013

¿QUÉ ES LA POLÍTICA? Y ¿QUÉ NO ES LA POLÍTICA?

¿Saben nuestros dirigentes políticos en gobiernos, parlamentos y  judicatura, para qué sirve la política?


Por Isidoro Gracia
Exdiputado
Para que cualquier empresa o proyecto tenga éxito, y que este pueda ser medido objetivamente, es imprescindible establecer, previamente, cuál es la meta y las posibles rutas para llegar a ella.
Para los estudiosos del tema, desde la antigüedad, la meta es clara: conseguir la felicidad de la mayoría, más modernamente se ha moderado el gran objetivo, dejándolo en un simple bienestar. Otro tema que tiene menos consenso son las rutas a seguir, para una mayoría el fin de la felicidad, o del bienestar, es un proyecto colectivo ya que el bien de un individuo no es compatible con el absoluto antagonismo, el de los otros individuos que forman parte de su comunidad. Para los menos estudiosos la prueba irrebatible del nueve de esta afirmación la pueden buscar en la comunidad de propietarios de su vivienda.


En una mayoría de países se ha optado por la democracia como el mejor sistema para  conciliar intereses, en Europa y en España el uso, como argumento de autoridad, de que lo que se hace por todos los poderes políticos, ejecutivos, legislativos y judiciales, se hace basado en la voluntad democráticamente evidenciada por los ciudadanos, se ha convertido en un hábito.
Y el problema de las dudas, sobre si los dirigentes conocen cual es su papel, surge precisamente por el uso y el abuso de ese argumento, para justificar normas legales, medidas ejecutivas y sentencias judiciales que manifiestamente van en contra de la felicidad o del bienestar de una gran mayoría de los ciudadanos, de los que reclama esa voluntad democrática.


¿Puede ser una meta la magnitud de una prima de riesgo? que solo es  de interés para quien compra deuda pública, con el dinero que entre todos le hemos prestado a un precio mucho menor que el que ellos reciben, o, el crecimiento de la deuda pública, cuyo mayor componente es el de la transformación en público de lo que antes era proyecto privado fallido. Evidentemente no. Tampoco es una meta éticamente aceptable, para la mayoría, la mejora de la productividad de una empresa por la caída brutal de los salarios de sus trabajadores, o un balance más favorable de las cuentas de la Administración por la pérdida del grado de educación o salud de sus administrados.
Cuando por todos los medios y desde todas la instancias oficiales, nacionales o supranacionales, se repiten, hasta la nausea, los mensajes de  que vamos en la buena dirección, hay que ser conscientes que en estos últimos años, la posible meta de la felicidad o del simple bienestar se ha ido alejando, es decir que la dirección seguida es la contraria al logro de esa meta. La vida de los ciudadanos y de las naciones no está determinada, se hace tomando decisiones y las decisiones tomadas indican que nuestros dirigentes no parecen saber hacia dónde nos impulsan, o lo que es peor quizá si lo saben y nos intenta llevar hacia unos valores determinados, no precisamente por voluntad democrática, teóricamente recogida en los programas electorales que incumplen sin rubor moral.



Para Aranguren el  asunto estaba claro: Cualquier proyecto de vida, individual o colectivo, se configura necesariamente en torno a unos ideales, o valores, que, finalmente,  o son éticos o están contra la ética. Mal estaría que nuestros dirigentes se equivoquen porque no conocen el motivo último que justifica su existencia, peor que hagan lo que están haciendo estos últimos años a sabiendas.

Fotos: Pedro Taracena

miércoles, 13 de noviembre de 2013

CONFERENCIA CON SORDINA

LA CONFERENCIA DEL PSOE RECUPERA EL CAMINO SOCIALDEMÓCRATA PERO SE QUEDA CORTA

Foto: Alón Ambergu

Por Isidoro Gracia
Exdiputado

Los resultados de la conferencia se están midiendo más por los aspectos de los cambios de organización y funcionamiento internos que por las propuestas a los ciudadanos.
Yo creo que comentaristas y analistas se equivocan. Al ciudadano consciente las primarias, la estructura del partido, e incluso quienes van a ser  la mayor parte de los dirigentes, les interesan mucho menos que las propuestas de lo que hará un hipotético y futuro gobierno socialdemócrata articulado alrededor del PSOE.
Desde una perspectiva progresista la dirección de las propuestas es correcta, sin embargo está en términos generales dirigida a objetivos alcanzables en un mandato de gobierno, o poco más. Se echa en falta el largo plazo y desde luego las ideas que pudieran calificarse de puramente socialistas son inexistentes.
Cierto es que recomponer los destrozos que el actual gobierno español, con el aplauso e impulso de la UE, está provocando tanto en el estado de bienestar, como en el imprescindible control del equilibrio de los factores económicos del sistema de producción será tarea prioritaria en las primeras fases de cualquier gobierno, pero no es menos cierto que un partido que se auto-titula socialista no puede perder de vista un horizonte en el que los grandes especuladores y las  corporaciones multinacionales no fueran los que tomen todas las grandes decisiones, respecto a qué y cómo se produce y cuanto y como se distribuye la riqueza generada.
Un par de ejemplos permitirán aclarar estos temas:
-          Está muy bien reponer derechos perdidos en educación, sanidad o pensiones, y para obtener los recursos necesarios modificar el reparto de la carga fiscal, incluso reforzar la agencia tributaria, pero es necesario también establecer que toda persona física o jurídica, con responsabilidades tributarias en España, por el mero hecho de tener una cuenta, un pago o un cobro en, hacia o desde, un paraíso fiscal está delinquiendo. ¿Alguien puede dudar que todo trato con paraísos fiscales tiene por objeto la  evasión de impuestos? Este tipo de reforma sí que es “sistémica” y debe defenderse como de aplicación general en la UE, incluso ni siquiera es socialista es básica para la Democracia.
-          Es necesario derogar la reforma laboral para reponer mínimamente el equilibrio de fuerzas en la negociación colectiva, pero eso no será suficiente para que los grandes especuladores y corporaciones pongan límite a los excesos del mercado, tanto del lado de la oferta como de la demanda. Para limitar que oligopolios como el de la energía o el financiero, sigan siendo jueces y parte, es imprescindible una presencia física, real y con peso suficiente, en esos sectores, del propio Estado, e incluso de entes supranacionales como los de la UE. Esta última propuesta si tendría un lejano aroma a socialismo.
Pues bien, de modificar, aun cuando sea ligeramente el sistema capitalista, no he encontrado nada en las resoluciones de la conferencia. Seguiremos estudiándolas.

Comentario: LOS ERRORES HISTÓRICOS DEL PSOE


sábado, 26 de octubre de 2013

"Justicia para un final con vencedores y vencidos"


Por Pedro Taracena Gil


La Piedad

Sí, vencedores y vencidos, como al final de la Guerra Civil, como durante la dictadura y como en la democracia constitucional. De esta manera el pueblo español se aleja  cada vez más de su propia reconciliación. Las consecuencias de una ley del franquismo, han puesto en tela de juicio una sentencia del  mismísimo Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo. El Gobierno democrático ha manifestado de forma clara y rotunda que está más de acuerdo con la doctrina Parot, que suponía un parche chapuza a una ley de la dictadura, que con una sentencia del máximo tribunal europeo que interpreta nada más y nada menos, que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
Es muy difícil encontrar en el mundo civilizado, donde incluyo a Europa y excluyo en asuntos de Justicia Universal a EEUU, que un jefe de gobierno declare que esta sentencia unánime del Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo, sea  “injusta y equivocada”. No obstante es coherente con la trayectoria de Rajoy y sus orígenes. No podemos negar históricamente que El Partido Popular fue fundado en el seno del franquismo por un insigne franquista (falangista), Manuel Fraga Iribarne. Este baluarte del franquismo (nacionalcatolicismo) formó una de las asociaciones políticas; esperpento autorizado por el Caudillo de España que lo fue por la Gracia de Dios.
En tiempos de la democracia esta asociación política que se denominó Alianza Popular, por obra y gracia de la conversión de los franquistas a la democracia, se trasformó en un partido político, como Dios manda, que dijera el actual inquilino de la Moncloa. Para homologarse con los nuevos tiempos se cambió el nombre por el de Partido Popular. Pero su ideología siguió anclada en el franquismo. Después de Fraga vino Aznar y después Rajoy. Todos, fieles lacayos del dictador Franco y Generalísmo de los Ejércitos Tierra, Mar y Aire. Tomaron parte en la elaboración de la Constitución Española pero jamás condenaron ni condenarán la dictadura y el genocidio franquista. Este planteamiento es demagógico a ojos de quienes crearon la gran farsa de la Transición con dos objetivos: dejar impunes los crímenes del franquismo y fosilizar el espíritu constitucional.
Cuando los Padres de la Constitución creyeron con toda ausencia de ingenuidad y buena voluntad, que las heridas de las dos Españas estaban cerradas, surgió el terrorismo de ETA; sembrando al pánico, la muerte y el sufrimiento en España y fuera de España. No me permito adjudicar de forma prematura la victoria, ni al Estado ni a la organización terrorista, mientras no se firme un armisticio y su control sea fehaciente. Aunque no se trate de dos ejércitos en contienda, la realidad nos dice que ha sido una guerra larvada y en ocasiones sucia.
La frase "Justicia para un final con vencedores y vencidos" no puede huir más de la reconciliación entre los españoles. Otra oportunidad perdida para ganar la auténtica paz que es algo más que solamente ausencia de violencia. Desde el 18 de julio de 1936 las dos Españas siguen enfrentadas. La España católica y de derechas obtuvo la victoria sobre la España republicana y de izquierdas. Hubo “vencedores y vencidos” pero no hubo justicia, porque no hay guerra justa. Los “vencedores” capitaneados por el invicto Caudillo impusieron a los “vencidos” una dictadura sanguinaria que gobernó España como si de un botín de guerra se tratara. Tampoco hubo justicia, más aún, imperó la tiranía y el despotismo, sin restaurar el Estado de Derecho hasta la Constitución de 1978.
Situados en 2013 podemos constatar que las dos Españas siguen enfrentadas, no por un nuevo conflicto, sino por las secuelas del conflicto original. Si no se hubiera derribado la República la España actual sería otra y otro su peso específico en Europa. No es para enorgullecernos porque en el siglo XXI una España enarbole la pancarta de: "Justicia para un final con vencedores y vencidos". La palabra justicia colocada como premisa para sentenciar quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos, está llena de odio, revanchismo y venganza. Porque los tribunales de justicia españoles que emanan de un Estado de Derecho ya han impartido Justicia. Ha sido una ley que imperaba cuando España no era un Estado de Derecho, la causante de que bajo una interpretación a conveniencia del Gobierno de turno, el Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo haya dictado una sentencia conforme a los acuerdos firmados por España. ¿A quien señala el eslogan de la pancarta como vencedores y a quienes como vencidos? Que cada cual que se coloque en la trinchera que más le convenga..

martes, 22 de octubre de 2013

EL COMBATE CONTRA LA CRISIS. EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

Por Isidoro Gracia
Exdiputado



Aún cuando la filosofía de “el fin justifica los medios” se suele adjudicar a Maquiavelo, lo cierto es que pertenece a un manual de instrucciones de la Orden del actual Papa, los jesuitas, que sostiene literalmente: “cuando el fin es lícito, también lo son los medios”, eso sí en latín.
A nadie debe sorprender que los jesuitas tengan un manual (una copia traducida me fue enviada hace algún tiempo por un amigo), cualquier organización que quiera tener éxito debe tener su libro de cabecera, véase Camino del Opus, el Libro rojo de Mao, los documentos de principios y objetivos de cualquier multinacional, o los libros de estilo de algunos medios de comunicación.
Pues bien, en los manuales de los actuales dirigentes mundiales, también de los europeos y del partido del gobierno español, entre los mantras a seguir, aparecen cada vez más claros los principios, más bien directrices o mandatos, de que la austeridad es un fin en sí misma, un fin que lleva a la economía al buen camino, que lo que es bueno para el sector financiero es bueno para los países donde hace sus negocios, y que si se tiene un buen sistema de propaganda, que repita suficientemente las consignas, la opinión pública acabará por aceptarlas. Esto último en algunas fases históricas ha resultado fatalmente cierto.
Con 80 millones de pobres en la rica Europa, 3  de ellos pobres severos en España, las políticas austeridad, el  saneamiento a ultranza de la banca, a costa del  bienestar de los ciudadanos, e incluso los meros discursos sobre que estamos saliendo de la crisis, son algo más que un sarcasmo cruel, son elementos antisociales que los ciudadanos conscientes deben de combatir. Las afirmaciones de que la economía europea o española esté bien, no significa que los ciudadanos europeos o españoles lo estén, ya que los parámetros de referencia en que se sostienen esas afirmaciones, en términos aristotélicos deben ser objeto de justa indignación, ya que son bienes que han sobrevenido de forma indigna y a costa de afligir con males inmerecidos a una gran parte de los ciudadanos.
Ni siquiera es necesario acudir a grandes pensadores y altos referentes éticos, incluso alguien tan moderno, que tonteó con el LSD, como Aldous Husley tenía clarísima la idea que: “El fin no puede justificar los medios, por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos”.
¿Alguien normal puede aceptar que las acciones que llevan a la pobreza a tal cantidad de personas, antes razonablemente satisfechas con su vida, son aceptables, sean cuales sean los teóricos buenos fines que persiguen?https://mail.google.com/mail/u/0/images/cleardot.gif


miércoles, 16 de octubre de 2013

¡Fuera las máscaras! ¡Abajo los adefesios!

Pedro Taracena Gil


El árbol genealógico político del Partido Popular es históricamente constatable. Lo integran  una casta de caudillos y salvadores de la patria, que alcanzan su legitimidad en las proezas de sus antepasados. En 1936 se constituyen en Ejército de Salvación y emprenden la sublime y gloriosa campaña del Alzamiento Nacional, contra la España  republicana, atea, comunista y judeomasónica. Estas hordas habían usurpado la libertad, la unidad y el origen católico de España, desde la conversión de Recaredo que  hacía 14 siglos.
Para esta gesta unieron sus fuerzas la espada y la cruz. El ejército y la Iglesia. El pueblo llano atisbó de qué parte estaba el mismo Dios, cuando el episcopado de entonces bendijo y colaboró de forma activa en la Santa Cruzada. La victoria se hizo esperar tres años, y el enfrentamiento fratricida fue inevitable. Unos españoles dieron su vida y fueron  considerados como Caídos por Dios y por España. Los otros, aquellos que se empecinaron en defender la República murieron por la libertad y la democracia.
Los vencedores fueron capitaneados por el invicto Caudillo de España que lo fue por la Gracia de Dios y nombrado también Generalísimo de los Ejércitos, Francisco Franco Bahamonde. Aclamado y exaltado a la Jefatura del Estado creando un régimen basado en su poder personal y organizado a través de una Democracia Orgánica basada en los Principios del Movimiento Nacional. Entre el Vaticano y el Reino de España implantaron un Estado Confesional. Maridaje Iglesia-Estado. En España aunque no se restauró la monarquía después de la Guerra Civil, de manera más o menos formal no abandonó la consideración de Reino; dando fe de ello el Consejo del Reino creado; ayudando a consolidad la alianza trono-altar.
España fue gobernada cerca de cuarenta años por Franco y como es natural a ese periodo se le conoce como franquismo, y aquellos que colaboraron en salvar y gestionar  la unidad de la patria, constituyen para la historia los seguidores de Franco, que reciben con honroso mérito el nombre patronímico de franquistas. Muerto el Caudillo y sus legítimos herederos exigieron que se cumpliera sus últimas voluntades. Se instauró la monarquía que se pactó con los que no habían colaborado con el Salvador de la Patria, más aún, habían sido perseguidos, exiliados y encarcelados. La Ley de Amnistía y un pacto no signado que se denominó la Santa Transición, trajo un periodo de olvido y de consenso. En este periodo los franquistas siguieron orgullosos de su origen y de su ADN. La dinastía de caudillos ha garantizado mantener el espíritu franquista a lo largo de la época democrática: Franco, Fraga, Aznar y Rajoy. La existencia de una Constitución no supone renunciar al pasado franquista preñado de gestas patrióticas. Retomemos el primer párrafo de este artículo, los miembros del Partido Popular deben de aceptar el patronímico de franquistas. Son hijos de Franco. Herederos legítimos del padre fundador y sin complejos y sin prejuicios, asumir su pasado. Salvando los epítetos que cada cual pueda usar, los franquistas ante la amenaza de que el Congreso de los Diputados condenara al franquismo, junto al nazismo y el fascismo, su reacción ha sido honrada y coherente. El nazismo ha sido condenado por Alemania y el fascismo por Italia. Y ambos por la comunidad internacional. Hacer apología de una u otra ideología esta panado por la ley. En España la versión fascista de esta ideología está en la amalgama formada en torno a Falange Española y de la JONS (Juntas Ofensivas Nacionales Sindicalistas) y el nacionalcatolismo. Pero en España aún no se ha condenado al franquismo. Entonces los franquistas lejos de condenar su apología, se adhieren a ella porque toma parte de su esencia, son el franquismo auténtico.
¡Fuera las máscaras democráticas!
¡Abajo los adefesios constitucionales!
¡Somos los verdaderos franquistas!



viernes, 4 de octubre de 2013

LOS CIUDADANOS, LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS


Por Isidoro Gracia
Exdiputado


El alejamiento ciudadano de los políticos solo se corregirá cuando el Parlamento gane centralidad y el motor de la política sean ideas, en vez de la administración del sistema cada vez más injusto.
En una sesión de trabajo de la Asociación de ex parlamentarios de Cortes Generales, llevada a cabo en el Parlamento Gallego, hemos avanzado en un trabajo de realización de propuestas sobre cómo afrontar la situación de la política española, en temas tales como lograr una mayor cercanía entre los ciudadanos y sus representantes políticos y superar la grave sensación de distanciamiento que hoy con frecuencia nos acompaña. Las posibles respuestas se resumen en una: los diputados y senadores deben estar en condiciones de servir a sus representados, incluso evitando o ignorando, en situaciones concretas que choquen con la propia conciencia,  los condicionantes impuestos por las cúpulas de sus partidos.
Hay que decir que algunas propuestas son de gran alcance, como se verá más adelante, pero que la mayor importancia del tema viene en que en el texto nos estamos poniendo de acuerdo ex parlamentarios del PP y del PSOE pero también de IU, del PNV y de CIU.
Algún ejemplo. El parlamentario deberá gozar de un mayor protagonismo en la vida parlamentaria teniendo posibilidad de enmiendas y intervenciones personales (ahora todo pasa por el Grupo Parlamentario), hay que plantearse la posibilidad de elección más directa del parlamentario, mediante el desbloqueo de las listas (hoy cerradas y bloqueadas), para que tanto en la elección como en su trabajo posterior los ciudadanos puedan pronunciarse sobre la persona, y no solo sobre las siglas. La obligatoriedad de aceptación a trámite de las Iniciativas legislativas Populares, en las enmiendas y votaciones posteriores cada partido y cada diputado se retratarán. El Poder legislativo, hoy  mera correa de transmisión del gobierno de turno, adquiriría centralidad y peso.
Incluso hay acercamiento en posibles reformas de la Constitución, que permitieran que pudiéramos seguir conviviendo desde centralistas jacobinos, hasta las opciones soberanistas o independentistas, con la única condición que unos y otros no confronten con la legalidad constitucional.
¿Cuántos discursos de los actuales dirigentes tienen contenidos ideológicos, más allá del análisis de hechos concretos, o de meras referencias personales?, respuesta: pocos, y casi todos de los extremos más intransigentes. Por eso la convivencia pacífica es cada vez difícil, por eso los extremos avanzan y las ideas más próximas al ciudadano de a píe pierden terreno, a una idea se le puede enfrentar otra idea y vencerla, nunca la vencerán los discurso administrativos.
 Por si pudiera servir de orientación, una idea que triunfó, de Mao hacia los dirigentes de su partido: Debemos ser modestos y prudentes, prevenirnos contra el engreimiento y la soberbia, apoyarse en las masas populares y servir de todo corazón al pueblo (en su caso al chino). Muchos de sus métodos son rechazables, pero es difícil discutir que nos iría mejor si nuestros políticos asumieran alguna de las ideas que predicó.