domingo, 30 de junio de 2013

LA FIESTA DEL ORGULLO GAY URBI ET ORBI


Efectivamente, se trata de un júbilo irrefrenable en la ciudad y en el mundo. Es como si la celebración local entrara en comunión con el universo en armonía, libertad e igualdad. La fiesta del orgullo gay es un fenómeno reivindicativo de los derechos humanos al margen de los paradigmas ancestrales, que encorsetaban y aún pretenden imponer las conductas sexuales. Ignorando que lejos de ser contrarias a la naturaleza son la realidad natural más evidente. Los países que están reaccionando en positivo ante este hecho, edifican su convivencia basada en la vida en la verdad, como mantiene Vaclav Havel en su libro El poder de los sin poder. Más aún, se basan en la razón no en ninguna fe religiosa.

Esta explosión de alegría y de celebración de la libertad sexual y de igualdad entre mujeres y hombres, tiene detractores y enemigos muy significativos. La derecha del Partido Popular fundamentada en la religión y heredera del nacionalcatolicismo, es una militante muy activa contra la libertad sexual. Ésta tiene doble responsabilidad: Porque no se atiene a la Constitución que es aconfesional y porque su deber es legislar según el texto de la Carta Magna, no según los predicados de la Iglesia. Otro enemigo furibundo y trasnochado es la propia caterva de obispos de escaso valor humano.

Si la fiesta gay se celebra en una ciudad donde las autoridades que deben de propiciar el evento, son conservadoras, esta manifestación salvando la parte crematística, será reducida en importancia y diplomáticamente boicoteada; aunque el matrimonio de la igualdad sea ya una realidad legal. La celebración puede adoptar cualquier forma en su puesta en escena, que siempre será anatematizada por principio. Otro aspecto bien distinto es la estética que adopte el desfile en su manifestación del orgullo de ser lo que cada cual es. Hay quien lo califica de frívolo, exhibicionista, nada elegante y hasta que puede herir sensibilidades. Pero lo que nadie puede negar es que es la espontaneidad libre de haber atravesado el largo desierto de la intolerancia y la injusticia. No hay fuerza que encorsete en un ceremonial el deseo de los intolerantes que pese a la ley, siguen anclados en un paradigma caduco. Inspirado por una deidad e interpretado de forma arrogante por una clase sacerdotal y cacique.

Personalmente lejos de censurar o criticar la puesta en escena de esta manifestación de júbilo, voy a tratar de analizar la liturgia de la cual se acompaña cualquier capitoste de la grey de católicos. La liturgia que celebran los prelados y acólitos en una ceremonia incomprensible, con la vestimenta que copiaron del emperador Constantino y del Sacro Imperio Romano, engalanados de encajes como damas de alta alcurnia, es un esperpento de difícil asimilación. Porque no exhiben símbolos que signifiquen lo que son. Se convierten en espantajos que ahuyentan la razón.

Sin embargo la tramoya y el vestuario gay significan lo que son y apenas deja lugar al simbólico. Pero dejan claro que ante los intolerantes supone una transgresión. La libertad sexual presentada con todos sus atributos y acepciones. En este caso todos positivos. Espontaneidad y desnudez. Belleza natural en suma. La sexualidad en todas sus manifestaciones no es punible. Aunque para aquellos que siguen los mandatos divinos, siga siendo pecado, para el resto de los españoles es un derecho. La sexualidad no está ligada a la procreación. Quizás haya una parte de la puesta en escena, que no logren representar y hacer visible los logros de las nuevas familias. Es posible que a medida que pase el tiempo se vaya nivelando el júbilo por los logros conseguidos en el aspecto sexual, con la visibilidad de las familias surgías del derecho a la igualdad.

Consultando la etimología de la palabra orgullo supone: “Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas”. Aunque en apariencia sea exagerada, sin embargo, queda perfectamente argumentada y llena de contenido la Fiesta del orgullo gay. Siglos de frustración, intolerancia, machismo, clandestinidad y mentira, justifican el espíritu y las formas de esta exultación y júbilo. El júbilo es lo que tienen en común los homosexuales y los eunucos en sus celebraciones. Unos ensalzan la razón del ser humano y encuentran en la sexualidad su realización, y los otros abrazan la fe en una divinidad asumiendo su castración y ablación espirituales.

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