jueves, 22 de diciembre de 2011

LOS DESAYUNOS DE TELEVISIÓN ESPAÑOLA

Este programa de entrevistas con la participación de periodistas ajenos a la cadena y capitaneados por Ana Pastor, es un prototipo de periodismo transbordado de los medios de prensa y radio privados al plató público. La televisión pública aunque pretende ser plural y la voz de la calle, no consigue ambos objetivos. La presentadora se jacta de formular las preguntas con los contenidos del ciudadano, aunque siempre se soporta como todo entrevistador de las muletillas: “se dice”, “se comenta”, “los observadores”, “los analistas”, “la gente…” Los invitados suelen ser tres periodistas, con excepción de algún profesor universitario, que proceden de los medios de comunicación, que a su vez son polea de transmisión no explícita de los partidos políticos. Esta estructura en nada se distingue de la pluralidad política exclusiva formada por los grandes partidos. De este modo el ente público mutila de forma manifiesta la opinión ajena a las siglas de los partidos y a los titulares de los periódicos. Es fácil de comprender las consecuencias de este círculo vicioso. Como resultado una información pobre y excesivamente politizada, encorsetado en la disciplina de cada medio y ausente de autocrítica de los propios periodistas. El espectro social que debiera alojarse en la televisión con vocación pública debe ser más sensiblemente más amplio. Porque España es algo más que el grupo Prisa, El Mundo, ABC, Público y poco más. Televisión Española debe romper este paradigma y hacer un programa público con portavoces de la problemática del pueblo. La televisión pública no debe dar publicidad a los subtítulos de procedencia de los periodistas invitados. Los intereses de estos periodistas no defienden los objetivos del medio público. Sobre los invitados para ser entrevistados nada hay que señalar, pero los interrogantes más efectivos, realistas incluida la inédita autocrítica, no se han estrenado en este plató. Es un periodismo sin creatividad, parcial y tedioso. La imaginación de su creador debería volar hacia áreas del periodismo que están ávidas de innovación. Periodistas preparados verdaderamente independientes. Personas que aporten al programa la problemática real de la calle. La propia juventud. El mundo del trabajo. Los pequeños, medianos y grandes empresarios. La educación. La sanidad. La dependencia. Los nuevos movimientos populares. Que fueran los protagonistas de la vida los que interpelaran al entrevistado. Ni la conductora del programa y mucho menos los periodistas invitados no pueden seguir arrogándose la exclusiva de ser los únicos interlocutores de la problemática de la actualidad española en todas sus facetas. Huyendo del partidismo, lejos de conseguir la pluralidad, han caído en la complicidad con las líneas editoriales de los medios comerciales. Es un fraude intolerable. Es aburrido y poco eficaz escuchar a estos periodistas conociendo por adelantado las tesis que cada día defienden y siempre las mismas, y sobre todo cuando entran en polémica entre ellos, aportando escaso conocimiento de las materias y sin salirse del guión establecido. Y todo ello pagado por el dinero público y con el paro que hay en nuestro país.

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